Efemerides de un dia como hoy: Historia de Mexico

  • Septiembre 26 1847 Tras la renuncia de Santa Anna por su derrota ante los invasores norteamericanos, asume la presidencia Manuel de la Peña.

La batalla de San Jacinto o siesta de san jacinto tuvo lugar el 21 de abril de 1836, y fue un acontecimiento decisivo de la lucha de independencia de Texas. Bajo el mando de Samuel Houston, el ejército texano sorprendió y diezmó en medio de una siesta al ejército mexicano comandado por el general Antonio López de Santa Anna.

El Rió San Jacinto atestiguó ese día la última batalla de la Guerra de Texas. En poco más de media hora el ejército mexicano fue derrotado dejando en el campo más de seiscientos soldados y otros siete centenares fueron tomados prisioneros por el ejército rebelde liderado por Sam Houston, que los mandos nacionales suponían en retirada.

Mientras un grupo de texanos destruía un pequeño puente sobre el río San Jacinto para cortar la retirada mexicana, el cuerpo principal al mando de Houston y Neill avanzaba silenciosamente por el bosque y luego por la pradera. Faltando unas docenas de metros los texanos lanzaron su primera descarga de fusiles y rifles e iniciaron su ataque a las 16.30 horas en medio de un griterío. Para su sorpresa, la fuerza mexicana se hallaba totalmente desprevenida, sin guardias o centinelas que pudieran avisar de la cercanía de los texanos, pues los soldados mexicanos se hallaban casi todos durmiendo la siesta, incluyendo jefes y oficiales. De hecho, los texanos lanzaron su primera descarga de fusiles pero se sorprendieron cuando sus disparos no fueron respondidos, por lo cual avanzaron sin dificultad hasta penetrar en el propio campamento mexicano.

Los disparos de los texanos despertaron a los soldados mexicanos pero éstos no se hallaban preparados para responder tan súbitamente a un ataque, menos aún cuando el enemigo entraba sin lucha en el campamento. Inclusive la caballería pesada fue sorprendida por los texanos, con jinetes en tierra buscando desesperadamente sus armas, al punto que en el campamento mexicano pronto cundió la confusión y el desorden ante el repentino ataque. Numerosos soldados mexicanos estaban desarmados al momento del ataque y otros muchos se hallaban casi en plena somnolencia, siendo presa fácil de los atacantes. Otros soldados fueron sorprendidos comiendo en el rancho, con la caballería desmontada y a la infantería sin sus armas cargadas. Santa Anna y el grupo de sus oficiales dormían en sus tiendas. Repentinamente despertado por el griterío y las balas, el general Manuel Fernández Castrillón trató de organizar la resistencia pero fue muerto a los pocos minutos, con lo cual la «batalla» degeneró en una matanza. Algunos mexicanos intentaron retenerlos pero ya era demasiado tarde. Los soldados mexicanos que no cayeron muertos o heridos en los primeros minutos huyeron caóticamente hacía el río San Jacinto, abandonando pertrechos y hasta sus propias armas por la prisa en salvar la vida. Varios fugitivos fueron muertos en plena huida en tanto muchos texanos rehusaban dar cuartel y los que no huían fueron tomados prisioneros, entre ellos Santa Anna.

La «batalla» duró sólo 18 minutos; durante ese tiempo 630 mexicanos murieron, 208 cayeron heridos y 730 fueron capturados, mientras que el Ejército Texano sólo reportó 9 muertos y 30 heridos. Casi todos los soldados mexicanos que lograron huir de la matanza estaban completamente desarmados por haber abandonado su equipo para salvar sus vidas, lo cual hacía imposible el contraataque o la resistencia al enemigo, debiendo retirarse rápidamente hacia el sur, muchos soldados se ahogaron porque los texanos cortaron los puentes que cruzaban la laguna en la retaguardia mexicana. Por su parte, los texanos lograron capturar casi todo el arsenal del cual disponían las fuerzas mexicanas. Durante la batalla. El general Sam Houston fue impactado por una bala en su pierna izquierda

El propio general Santa Anna se hallaba durmiendo al momento del ataque y fue despertado por los soldados texanos que lo tomaron prisionero, aunque su identidad no fue descubierta hasta que otros prisioneros lo reconocieron y lo saludaron como «señor Presidente«. Con Santa Anna cayeron apresados los generales Juan Nepomuceno Almonte y Martín Perfecto de Cos.

Los sucesos de San Jacinto no hubieran pasado de un exitoso golpe de mano de los texanos si no fuera por la captura del general Santa Anna, quien no sólo era jefe militar sobre el terreno sino además Presidente de México en funciones, lo cual aumentaba la importancia de su captura. Si bien algunos texanos intentaron linchar a Santa Anna, Houston y Neill decidieron mantenerlo con vida al notar que sería más útil arrancarle al presidente capturado algunas concesiones importantes.

Así, Houston y Neill obligaron a Santa Anna a firmar el cese de hostilidades y a reconocer la Independencia de Texas mediante el Tratado de Velasco el 21 de mayo de 1836, donde Santa Anna reconocía de factola independencia de Texas y se comprometía a no proseguir la lucha contra el nuevo Estado. A cambio, los texanos ofrecían libertar a Santa Anna y prometían que las tropas mexicanas en retirada no serían atacadas; además se fijaba el límite entre Texas y México en el río Bravo (o río Grande), frente a la división interior mexicana entre Texas y Tamaulipas que estaba fijada más al norte, en el río Nueces.

Los texanos aprovecharon también para ordenar a Santa Anna que mandase al general Vicente Filisola retirar a las tropas mexicanas al sur del río Grande, para lo cual Santa Anna envió una carta exagerando la gravedad de la derrota de San Jacinto y el poderío bélico de los texanos. El general José de Urrea trató vanamente de convencer a Filisola de continuar la lucha en tanto ambos todavía contaban con casi 3,000 hombres bajo su mando (cifra muy superior a los texanos de Houston) pero Filisola ejecutó la orden de Santa Anna y las tropas mexicanas abandonaron territorio texano.

Santa Anna no fue liberado por los texanos, dado que estuvo preso siete meses y fue enviado a Washington D.C. y allí fue recibido por el presidente estadounidense Andrew Jackson como prisionero de guerraaunque su cargo presidencial fue recordado solamente para que confirmase el Tratado de Velasco y se obligase por escrito ante los estadounidenses a «favorecer» el reconocimiento de la independencia de Texaspor el gobierno de México. El Congreso Mexicano, enterado de lo ocurrido, destituyó a Santa Anna y se negó a ratificar el Tratado de Velasco alegando que carecía del validez al ser firmado por un presidente de México cuando se hallaba como prisionero de guerra. De hecho, la penetración estadounidense en Texas nunca fue legitimada por el gobierno mexicano y sólo se reconoció de facto como una consecuencia delTratado de Guadalupe Hidalgo de 1848.

El lugar donde se combatió está en las afueras de la actual ciudad de Houston, en el Estado de Texas, y mantiene un monumento conmemorativo. A este acontecimiento se le conoce comúnmente también como «la siesta de San Jacinto«.

Santa Anna regresó a México y fue repudiado por los mexicanos; pero el gobierno ya no tendría las fuerzas militares suficientes para recuperar ese territorio y más aún que en 1838 una nueva invasión pero ahora por Francia daría inicio a la Primera intervención Francesa conocida en México como La Guerra de los Pasteles. Diez años después, Texas seria anexado a Estados Unidos que en realidad era el proyecto de expansión que dicho país había tenido siempre.

 

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